Alcanzar, al fin, todas las metas

Apenas acababa de recuperar el aliento cuando se paró a observar a su alrededor. Era curiosa esta sensación, la de haber llegado y sin embargo, no haberse movido.

Llevaba toda su vida yendo de un lado para otro, imparable, inmutable, siempre buscando, siempre corriendo para llegar a no sabía dónde. Lo único de lo que estaba seguro era de que cuando llegara allí ya no tendría que seguir buscando, porque allí estarían todas las respuestas. Por eso seguía corriendo, seguía buscando, necesitaba salir del laberinto, encontrar la luz, ser capaz de ir más allá y comprender lo que nadie le había sabido explicar.

Había sufrido mil desengaños durante el camino, los pesares no habían conseguido frenarlo y, si alguna vez su esperanza había flaqueado, volvía a recordar aquel sueño ya casi olvidado en el que paseaba por su particular paraíso, donde encontraba las fuerzas para seguir luchando.

Y había llegado. Lo que no alcanzaba a comprender aún del todo era por qué, si había llegado, estaba en el mismo sitio donde comenzó.

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