Una llama en la oscuridad

Después de interminables intentos, consigo volver a encender la luz. A mi alrededor veo unas pocas caras asustadas que se apresuran a acercarse. Poco a poco se van relajando y tranquilizando y consigo mantener la llama constante. A lo lejos algunas figuras hacen gestos que no puedo reconocer. Pero sé que no tengo que hacerles caso.

Tuve suerte de conseguir que alguien me enseñase a encender hogueras. No sé cómo hubiera soportado tanta oscuridad a mi alrededor. Sobre todo en estos tiempos, que hay más gente que busca la luz que gente que puede obtenerla.

Hay gente que está en contra de que haya luz. Prefieren la oscuridad y asustan a todo el que pueden para convencerlos de que la luz es mala. Lo peor es que la mayoría de las veces lo consiguen. Son esas figuras que hacen aspavientos en los bordes del círculo que marca la hoguera. Los mismos que cuando se apaga, intentan por todos los medios que no pueda volver a encenderla. Pero ya me conozco sus tretas, conmigo no lo tendrán fácil.

Existen lugares donde jamás se ha encendido la luz. Allí es donde mejor reinan estos reyes de sombra, angustiando y asustando al resto de la población, haciéndoles creer que sólo ellos pueden protegerlos. Saben que si llega la luz a donde ellos están, dejarían de tener el poder. No están dispuestos a ceder. Aunque eso venga incluso en detrimento de su propia calidad de vida. El poder les ciega.

Hay quien dice que algún día todo el mundo estará cubierto de luz, que no tendremos nada que temer. Pero aún hay gente que sigue luchando por apagar los pocos focos de luz que podemos encender. De momento llevamos muchos siglos ya luchando contra la oscuridad y no hemos conseguido nada. La ignorancia es un arma poderosa.