Uno, dos…

Uno, dos… golpe seco. Uno, dos… golpe seco.

Sabe que tarde o temprano le llegará su turno. Lo ha visto venir, lo sabe, pero no puede evitar tener una leve esperanza de que se olviden de él. No ha intentado escapar, porque sabe que sería mucho peor. Los que intentan escapar pasan antes.

Esto es solo un pequeño respiro. Casi que preferiría que todo terminara ya, porque… no. Prefiere que no termine. No es miedo, es instinto de supervivencia.

Dicen que no duele, pero es dificil saberlo, porque los que realmente lo saben ya no pueden contarlo. Lo que es seguro es que es rápido. Si te relajas, es mucho más suave. O eso dicen. A pesar de que pronto terminará todo, ya no le tiemblan las piernas. El estómago dejó de dolerle hace un rato, y las frías cadenas ya no le parecen tan frías. Hasta agradece esa sensación.

La guillotina sube, chirriando dos veces. Y luego cae con un golpe seco. A cada golpe que escucha, está más cerca de que le llegue su turno. No sabe cuantos tiene por delante suya, pero sabe que el verdugo vendrá a por él, tarde o temprano.

Uno, dos… golpe seco. Uno, dos… golpe seco. Ya vienen.

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