Cuando no queda nada

No sabes cuando ocurrió. Pero un día, te levantaste y no tenías nada dentro. No sentías nada, sólo el frío que salía de tu interior. Quisiste taparlo, pensar que era sólo algo transitorio. Pero cuando pasan los días y sigues sin sentir nada, empiezas a recordar, que esto ha venido poco a poco. Gastaste toda tu energía y tu pasión en los demás y no dejaste nada para tí. Creíste que era infinito, que era algo que no podría acabarse nunca. Pero te equivocaste. Quieres sentir miedo, pero no puedes. Quieres escapar, pero el vacío te persigue. Se agarra con sus zarpas a tus entrañas, marcando su territorio.

Escuchas canciones que antes te emocionaban, y que ahora simplemente resuenan como un eco en tu interior. No sientes nada, no puedes sentirlo. Bueno, casi nada, porque a veces sientes esa pena que te llena por dentro y que te atraviesa la garganta, obligándote a parar. No sientes pena por lo que perdiste, no sientes pena por tí. Sientes pena porque ni siquiera eres capaz de sentir pena.

Dejas que las lágrimas caigan por tus mejillas, porque quieres agarrarte a sentir algo, aunque sea tristeza. Porque sabes que incluso esa tristeza desaparecerá un día, que dejarás de sentirla. Y eso te provoca otra oleada de tristeza. Quieres gritar, golpear, quieres que la furia te destroce para al menos sentir que todavía queda algo de chispa que prenda lo demás. Pero no puedes y la angustia te corroe, te paraliza. Y tú lo prefieres así, quieres hacerte daño porque ese daño al menos te hace sentir vivo. Hasta el día en el que ni siquiera seas capaz de sentirlo.

Te escondes, caminas con una careta, esperando que nadie note tu falta de humanidad. No quieres que nadie sepa el vacío que te llena, porque sabes que no podrán entenderlo. ¿Hasta cuando podrás seguir imitándote? Llegará el día en que incluso tú olvides como eras antes, te olvides de cómo fingir que aún te quedan sentimientos. Llegará el día en el que te conviertas en una parodia de tí mismo, sin medida y sin control. Y quedarás sólo tú. Tú, con el vacío que te come por dentro.

7 comentarios sobre “Cuando no queda nada”

  1. Y un día descubrirás que no es vacío, sino miedo lo que te paraliza.

    Llegará un día en el que mueras, y te arrepentirás de no haber hecho tantas cosas que quisiste pero no te atreviste. Algún día mirarás atrás, al tiempo perdido, y querrás volver. Yo siempre pienso que cuando uno es anciano es cuando de verdad se sabe lo que se quiere de la vida: por lo tanto, cuanto antes se logre alcanzar ese estado mental, más tiempo se le gana a la muerte. Vive siempre con la idea bien presente de que un día morirás.

    El miedo paraliza, te convence de que no puedes hacer lo que tu corazón quiere: el miedo miente.

    Qué pena que no sepa transmitir por escrito todo lo que pienso y siento. Al menos veo que hay gente que si es capaz de hacerlo. Gracias.

  2. Hombre, según mi experiencia eso es intentar darse la espalda a uno mismo. Además no es sostenible: en mi caso, esa actitud contribuía bastante a esa sensación de vacío existencial.

    Es más, esa parte de mi que no se conforma con lo convencional, que ve las cosas de forma distinta a la establecida, es la que me hace sentirme especial. Es de esas pocas cosas que me gustan de mi mismo, y últimamente, tras intentar vivir al modo “convencional”, he decidido no darle más la espalda. A tomar por culo, que sea lo que $DEITY quiera y que no quiero arrepentirme por pasarme la vida huyendo de mi mismo. Me da igual si la cuestión es que veo las cosas más claras que el resto, o si es que estoy medio tocado mentalmente: de lo que no puedo dudar es de que efectivamente siento lo que siento cuando estoy ante el mundo, y al fin y al cabo lo que sentimos es lo que determina si somos o no felices.

    Lo que no sé es qué hacer ahora, cómo materializar ese cambio que quiero en mi vida. Si lo descubres, avisa, plis.

  3. No puedo decirte lo que tienes que hacer, no soy ningún Oráculo 🙂 (ojalá)

    Pero sí puedo decirte que lo más dificil de los cambios es decidir que vas a cambiar. Tu relación con el mundo no es más que un efecto secundario de cómo eres, no tienes mucho margen de maniobra aquí. Quizás deberías dejar de preocuparte tanto de cómo materializar los cambios en tu vida y simplemente hacerlo.

  4. Pues yo no creo que se tenga poco margen de maniobra en lo que a tu personalidad se refiere. Aunque ciertos aspectos (yo diría más bien estructuras) de tu propio yo son muy complicados de cambiar, la capacidad de inventarse uno de nuevo es bastante grande, sobre todo en aspectos más relacionados con tu forma de relacionarte tanto con el mundo como con los demás.

    De toda la vida he sido un antisocial. No tengo la misma capacidad que tiene la gente a mi alrededor para comprender el “lenguaje oculto” que subyace en las relaciones sociales. He metido tantas veces la pata que me avergüenzo al mirar atrás. Pero en los últimos ańos de mi vida he aprendido a vivir con ello, y he mejorado muchísimo, incluso hasta el punto de darme cuenta de cosas que el resto no ven. Me cuesta muchísimo esfuerzo y concentración mientras que al resto les sale más o menos natural, pero por lo menos he alcanzado a base de palos un nivel más o menos aceptable en lo que a relaciones sociales se refiere.

    Lo que quiero decir con esto es que tu relación con el mundo se puede cambiar. Que uno puede reinventarse a si mismo, hasta cierto punto, claro. No obstante, me resulta interesante lo que dices de que lo que soy en el mundo es un reflejo de lo que soy. Tengo que darle más vueltas a esa idea…

    Y sobre lo de acción en lugar de reflexión… pues miedo, lo mismo que te comenté antes. Miedo, y que está todo muy bien montado para que no haya más forma de vivir que la “normal”… excusas…

  5. Las personas no cambian, por lo menos no cambian radicalmente. Puedes ir evolucionando poco a poco, pero ¿cambiar? Es lo que dices, en la raíz, es imposible (o muy difícil) cambiar. Sobre todo cuando ya se es adulto.

    De pequeńa salí filosófica (con seis ańos ya me preguntaba si habría vida detrás de la muerte y cómo era posible que hubiera gente que creyera en dios) y recuerdo que tuve una crisis de identidad allá por los ocho o nueve ańos. Intenté preguntar a los adultos, les dije que no sabía lo que era, ni lo que tenía que hacer para ser lo que era. No sabía qué comportamiento tenía que seguir, no tenía definida una conducta. Pero no sé si creyeron que estaba intentando hacerme la interesante o que no supieron contestarme. El caso es que me quedé sin respuesta. ¿Será que en verdad nadie lo sabe y todos siguen la corriente?

    En cuanto a la forma “normal” de vivir… Yo tengo la teoría de que la mayoría vive debajo de una máscara, que no son así en verdad y envidian a los que consiguen pasar del mundo y hacer lo que quieren. Encajas en la vida y punto, intentas no salirte no vayan a seńalarte y te vayan a decir que eres diferente, a marginarte. Es como si estuvieran en una eterna adolescencia de querer integrarse en el grupo y no querer destacar. Ser inteligente está mal visto, tener vocabulario está mal visto, ser culto está mal visto. Destacar y tener personalidad está mal visto. ĄĄSé un borrego!!

    Puede decirse que yo también fuí bastante asocial. Yo nunca entendí cómo relacionarme con mujeres hasta que conocí mujeres que eran iguales que yo. Intentaba integrarme, hablar con ellas de las mismas cosas que les interesaban, sacar puntos en común… ĄĄCuantos ańos perdidos!! Debería haberme ido a jugar al futbol con los nińos en vez de malgastar el tiempo intentando amoldarme a lo que se suponía que tenía que ser. Nunca entendí la diversión de jugar a las casitas, ni tampoco la de enumerar una y otra vez los trapitos que cuelgan del armario.

    En fin, lánzate a la piscina. Si el mundo te da la espalda siempre podrás hacer las maletas 🙂

  6. ¿Y tú? ¿Te has lanzado a la piscina?

    No sé, tras ańos de darle vueltas y vueltas a las cosas, sigo sin ver nada claro. Hay aspectos que si he llegado a comprender, y he pasado grandes temporadas en las que creía que directamente yo era defectuoso, que yo era un juguete que había salido en mal estado de fábrica, y que miraba con incomprensión pero con envidia a aquellos que funcionan como deberían.

    Lo que si he conseguido es aceptar el hecho de que una parte muy importante de mi vida es fingida. Ya no me torturo pensando en cómo debo ser. Finjo, aceptando el mundo en el que vivo, pero sin darme la espalda a mi mismo. En el trabajo hago las bromas que debo, me comporto como se espera de mi, etc, pero cuando estoy solo es el único momento en el que me puedo quitar el traje y sentirme yo mismo.

    ¿Te gusta el campo? Yo he sońado montones de veces con coger mis cosas, buscarme un pueblo abandonado con algunos como yo, y montarme la vida que me dé la gana. El problema es que sé por experiencia que al cabo de unas semanas puedo llegar a aburrirme mucho.

    ¿Ir al norte? Esa es otra. Llevo manejando como opción el irme a algún país nórdico bastante tiempo. Pero al margen de lo complicado de ello (mi pareja no lo tiene fácil para encontrar trabajo allí), pienso que al final, todo será más o menos igual en esencia. Aunque eso si, seguro que de una manera bastante menos intensa que el cateteo de la ciudad en la que vivo.

    Decidido: voy a robar un banco y me iré a vivir al caribe. Si te apuntas partimos a medias 😛

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