No quiero ser fuerte

Es esa extraña sensación de que todo se está derrumbando a tu alrededor mientras la vida sigue y nadie parece notarlo. El mundo, tal y como lo conocemos, está a punto de dar un vuelco. Pero parece que a nadie le importa. Todos siguen sonriendo, ajenos a la desgracia, todos siguen adelante con sus vidas. Pero ¿cómo podría seguir yo?

Ya no es cansancio. Ni siquiera es soledad. Es desesperación. La desesperación que te sube la adrenalina para poder seguir dando un paso más. Aunque desde ya sabes que no llegarás al final del camino. Sabes que no tienes fuerzas para llegar hasta allí.

Pero aunque llegaras, sabes que no hay nada esperándote allí. Es sólo otra etapa más de un camino que ya no tienes claro a dónde va. Simplemente sigues hacia delante porque no te queda otra opción. Simplemente sigues. Hasta que tu cuerpo ya no aguante más y, con el último aliento, tropiece para no volver a levantarse.

No importa cuánto te prepararas para este momento. De nada sirve que haya un búnker de paredes infranqueables si no hay víveres para sobrevivir dentro. No podrías refugiarte allí ni aunque encontraras un motivo para hacerlo. La existencia se tambalea y da vueltas hasta marearte, mientras te aferras a lo poco que te queda.

Y la vida sigue. Sin tí.

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