Hasta aquí hemos llegado

Demostrado: si pones a infinitos monos a teclear aleatoriamente, al final alguno acabará escribiendo El Quijote. Y otro una versión mejorada. Y otro una versión diferente. Por eso las demandas de plagios son tan difíciles de demostrar. Porque todos tenemos las mismas influencias culturales, porque todos tenemos ideas parecidas.

¿Que por qué os cuento esto?

Mi historia

La otra historia (en español)

Son cuatro años de diferencia y es altamente improbable que su autor me haya leído a mi o a una versión de mi historia. No es un plagio, es simplemente que se nos ocurrió lo mismo.

Pero él es “famoso” y yo no. Él gana dinero y yo no.

¿Por qué?

Supongo que porque yo nunca llegué a hacerme publicidad, demasiado celosa de que mi verdadera identidad saliera a la luz. De todos los multiversos posibles, en éste elegí no ser famosa. Supongo que era la elección correcta. Ser famoso es un asco.

Aunque te puede dar de comer.

Bah, yo ya tengo otro trabajo que me llena. Qué estupidez. Sólo ha sido un pequeño arranque de celos. Lo que tendría que hacer es poner mis historias en formato libro y un botón de donar. Discúlpenme ustedes mi vagancia al no hacerlo.

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