Ojos azules

-La vida no tiene sentido. – Se deja caer en la silla y me mira sonriendo – Y eso es lo que la hace tan extraordinaria.

Nunca sabes por dónde va a salir, pero hoy parece que se ha levantado de buen humor. Eso está bien.

-He mirado a la muerte a los ojos, ¿sabes?

A veces me cuesta seguir su hilo de pensamiento. Pero me gusta escucharla, suele darle un toque extraño a las reflexiones más sencillas. Está girando la cucharilla en el café, como queriendo hacer el círculo perfecto.

-La muerte me miró y yo la miré. Tenía los ojos azules.

-¿Azules?

-¿Te imaginas?

Vuelve a mirarme y sonríe. Está claro que está dando vueltas a algo que no sabe cómo arrancar así que ha soltado lo primero que se le ha venido a la cabeza. Ahora vendrá la revelación.

-He vuelto a verle.

Ahí está. Todos tenemos nuestras pequeñas obsesiones. La suya es la de aquel ex novio que tuvo que se fue a meditar a la India y nunca más volvió a verle.

-Pero yo creo que no era él. No parecía reconocerme. Y, ¿sabes? han pasado tantos años y seguía pareciendo tan joven…

-Probablemente no lo era. Nunca lo es.

-Lo sé. Pero me gusta verle de vez en cuando. Aunque sea mentira.

La entiendo. Se siente lo suficientemente culpable como para haber viajado ella misma a la India a buscarle. Para encontrar que había desaparecido completamente. Probablemente incluso muerto. Aprender a vivir con eso no es fácil. De todas las posibles formas de convivir con la culpa, la suya era de las más inofensivas. Pero en momentos como este, desearía que hubiera escogido cualquier otra forma de superarlo.

-Ha pasado mucho tiempo, quizás deberías pensar en volver a terapia.

-No tienes que animarme, estoy bien. Sólo te lo comentaba.

Nos quedamos un rato en silencio. Finalmente vuelve a hablar.

-¿Sabes por qué la muerte debería tener los ojos azules? Porque la muerte es fría y árida. Como el norte. Por eso la muerte tiene los ojos azules.

-Yo diría que la muerte no tiene ojos. Es ciega, como la justicia.

-La justicia no es ciega. Siempre favorece a unos más que a otros. No seas ingenuo.

A  la defensiva. Bien.

-¿Y la muerte no favorece también a unos más que a otros?

-Razón de más para que tenga los ojos azules. Yo lo sé, la he visto. Y me ha mirado. Y por eso sé que la vida no tiene sentido. Aunque sea extraordinaria.

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