Restless warrior

Se agacha para desabrocharse las botas. Está dolorida, cansada y sudada. Sólo puede pensar en darse un baño y meterse en la cama. La espada resbala de la mesa y cae al suelo, sobresaltándola. Después de unos segundos, se deja caer en la cama y cierra los ojos. ¿Sigue mereciendo la pena? Día a día, la guerra parece que no avanza. O si avanza, es muy lentamente. Y luego llegan noticias de algún otro frente que ha caído. Es una guerra que se lucha en el día a día, en las pequeñas cosas. Y no deja descanso.

Unas horas después, despierta. Sigue dolorida y sudada, pero al menos ya no está tan cansada. Termina de sacarse las botas y se acerca a la bañera, ahora ya con el agua completamente fría. Pero no le importa. El frío la ayudará a que duela menos.

Cuando empezó esta guerra no sabía que duraría toda la vida. Sólo sabía que no podía permitirse seguir como estaba. Si tenía que partirse la cara para llegar al otro lado, se la partiría. Si tenía que partirse la cara para que otras no tuvieran que partírsela, lo haría. Pero su determinación no impide que día a día, cada vez esté más cansada y el final lo vea más lejos.

Quizás sería más fácil rendirse y agachar la cabeza. Pero sabe que eso no va con ella. No podría soportarlo. Así que sale de la bañera y vuelve a ponerse la misma ropa de ayer. La misma ropa de mañana. La ropa de batalla, la que la protege cada día. Coge la espada y vuelve a salir. Ni un solo día de descanso.

Egoísta

No, no voy a hablarte de lo feliz que hubieras sido conmigo. No voy a contarte todo lo que hubieras disfrutado de mi compañía. No voy a recordarte que no es tan fácil alcanzar este nivel de nirvana.

No voy a decirte nada de eso, porque eso ya lo sabes.

Hoy seré egoísta y hablaré de mi. De lo feliz que hubieras podido hacerme. De todo lo que hubieras podido hacer por mi, por mejorar mi vida. Porque, ¿sabes? eras justo lo que necesitaba en ese momento, lo que me hubiera venido bien.

Y como siempre, tarde. Puedes agarrar el reloj de bolsillo y correr por el bosque gritando que llegas tarde, que no encuentras el agujero que te llevará al País de las Maravillas, que llegas terriblemente tarde. No te servirá de nada, porque el pasaje ya cerró.

Aquel castillo

Llevaba varias semanas de camino. Había conseguido atravesar el Pantano de la Desesperación y había logrado rodear el Lago de las Lamentaciones. Ahora, a través del Desierto Interminable era todo más relajado. Había sido un camino duro, pero esta última etapa le permitía recuperar fuerzas. El paisaje podía ser monótono, pero al menos era predecible.

Era una estampa brillante, le gustaba el contraste de su caballo negro con sus ropajes blancos. Ahora un poco más amarillentos, por toda la suciedad del viaje, pero seguían siendo un cuadro digno de ser pintado. Y ella lo sabía. Era una princesa guerrera, valiente y osada. Se escribirían historias sobre sus aventuras mucho después de su muerte.

Tras varios días de camino, allí estaba. Finalmente. El dragón custodiando el castillo. La última prueba antes de poder liberarle. Azuzó a su corcel y desenvainó la espada. No le costó mucho conseguir hacer huir al dragón. Seguramente él también había oído hablar de sus hazañas. O quizás simplemente le asustó la fiereza sin miedo con la que corrió a su encuentro. El caso es que huyó, dejando el camino libre.

Ella llamó a la puerta y entró. Él parecía que la estaba esperando, vestido como un digno príncipe azul. Alto, guapo, desgarbado.

Ambos se miraron.

Él sonrió, con esa sonrisa suya que le conseguía todo lo que se proponía.

Ella le devolvió la sonrisa, con esa sonrisa que desarmaba a todos.

Durante unos segundos, se miraron en silencio. Ella, finalmente, rompió el silencio con su suave voz aterciopelada:

-Lo siento, tu princesa está en otro castillo.

Y se fue, dando media vuelta y dejando la puerta abierta, por si él quería irse.

Némesis

-¿Sabes que Némesis no significa antagonista? Es más bien como un castigo o venganza igualitaria. Una justicia kármica.

-¿Eso significa que soy tu karma?

-Y tú el mio. O algo así.

-Nuestras fuerzas de oponen. Somos dos versiones opuestas de una misma cosa.

-Elementos negativos.

-Opuestos. Fuerzas opuestas.

– En un sistema estable, la suma de todas las fuerzas da cero.

-Por eso nuestra unión da paz, nirvana, tranquilidad.

-Pero yo no quiero tranquilidad. Quiero vivir. Quiero ser más. No quiero anularme.

-Y por eso ahora toca separarnos.

-Si algún día…

-Claro. Siempre.

-Siempre.

Siempre apunta a la Luna

Al otro lado de la mesa se sienta una mujer. Lee el formulario de solicitud y sonríe amablemente.
-Enhorabuena, te han concedido tus deseos.
Deja escapar un suspiro de alivio y devuelve la sonrisa.
-Gracias. Han sido muchos años trabajando duro, pero al fin he conseguido ahorrar suficiente karma.
-Antes de continuar, tengo que hacer algunas preguntas para asegurarme de que ha entendido los términos y condiciones. ¿Es la vida descrita en este contrato la que desea vivir?
-Así es.
-Mientras viva esta vida, ¿se compromete a mantener el karma en el nivel mínimo estipulado?
-Sí.
-En caso de cansarse de esta vida, ¿se compromete a realizar todo el proceso de cancelación a través de nuestras oficinas para que podamos cancelarla?
-Eso no pasará.
-Por favor, conteste sí o no.
-Sí.
-Muy bien, pues ya sólo queda concretar cuando realizará el pago de la fianza.
-¿Fianza?
-Sí, mire bien el punto tres, necesita realizar un sacrificio para consolidar su compromiso con nosotros.
-¿Un sacrificio?
Relee las condiciones. Ahí está, un sacrificio. Un sacrificio que le costará mucho más karma del que jamás ha gastado. Un sacrificio injusto.
-No lo entiendo. Creí que su labor era hacer feliz a la gente. Si hago esto que me están pidiendo, estaré fastidiando la vida de mucha gente.
Con la sonrisa inmutable, la mujer extrae unos diagramas que le muestra sin mirar.
-El universo tiene que mantener el equilibrio. Nosotros hacemos felices a la gente que merece ser feliz, claro. Pero esto tiene un coste. Recuerde que el paraíso de unos es el infierno de otros. No podemos crear una utopía perfecta en su vida sin retocar la vida de los que están a su alrededor. Este pago sólo es uno de los muchos pasos que tenemos que dar para poder mantener los paraísos de la gente que se los merece.
-Pero si hago esto… dejaría de merecer el paraíso.
-No sea tan duro consigo mismo. El paraíso ya lo tiene ganado. Esto es sólo un pequeño precio a pagar.
-¿Significa esto que si hago este sacrificio que me pedís… tendré mi paraíso utópico?
-Ḿientras pague el tributo, mantendrá su paraíso.
-El tributo…
-El tributo son sacrificios menores que tendrá que realizar periódicamente. Nada comparable con la fianza, por supuesto. Y recuerde que todas estas acciones quedarán fuera del cómputo de su karma. No hay nada de lo que preocuparse.
-¿Cómo no va a haber nada…?
Mira de nuevo el contrato. Maldita sea. Lo tenía ahí, al alcance de la mano. Casi podía saborearlo… y ahora…
-Lo siento, no puedo aceptar.
-Esta es una oferta limitada, si más adelante quisiera optar a un paraíso, tendría que volver a realizar todo el proceso desde cero. Y optar por el mismo deseo restará puntos en el cómputo final.
Todo lo que siempre había querido. Todo. Pero así no. Si este es el precio a pagar, no lo quiere. Se sentiría sucio, artificial, mentira. Sería un deseo del que no podría disfrutar. Relee las condiciones una vez más. No, no puede hacerlo. No es justo, no se sentiría bien.
-Me habéis estropeado mi deseo.
-Oh, vamos, ¿en serio?
-Mi deseo era puro, sencillo. Lo habéis mancillado.
-Tu deseo era un deseo como los demás. Igual de sucio e irracional. Puedes haberlo adornado mentalmente, pero sólo era una capa para tapar la verdad: que seguimos siendo animales irracionales que queremos todo sin esfuerzo.
Se levanta. Da unos pasos hacia la salida y se vuelve.
-¿Quiere decir que todos los ganadores son unos farsantes?
Su sonrisa sigue ahí, inmutable. Horrible.
-Todos pagamos un precio por lo que tenemos. Todas nuestras vidas son imperfectas. El equilibrio del universo…
No deja que termina la frase. Sale corriendo mientras intenta evitar un llanto que le sube del estómago. Así no. Así no.

Detrás

Está ahí detrás. Lo sabe, lo huele, lo oye. No es una pared demasiado gruesa, si cierra los ojos puede casi verlo al otro lado. Pero la pared está ahí y no va a poder atravesarla. Lo siento, este no es el camino a la salida.

Aún se queda allí, respirando unos momentos. Quizás minutos, quizás horas. Quizás días. Es lo más cerca que ha estado y probablemente lo más cerca que estará nunca. Tan cerca y a la vez tan lejos… Pero no, este no es el camino. Debe dar la vuelta y caminar otra vez. Sea cual sea la forma de llegar, no es por aquí. Sus pies se arrastran despacio, paralelos a la pared. Con la mano izquierda va tocando la pared, como temiendo perder la orientación. Sonríe, no hay orientación ninguna. En cuanto siga su camino, olvidará cómo llegó hasta aquí. Lo más cerca que ha estado nunca del camino a la salida.

Sabe que hay un camino, claro que sí que lo hay. Este laberinto fue construido para que hubiera un camino hacia la salida. Hacia muchas salidas. Hay infinitas salidas, casi tantas como pasillos tiene el laberinto. Pero por más que camina no ha encontrado ninguna. Es como si siempre escogiera el giro adecuado para no tener que enfrentarse a la salida.

Sonríe otra vez. Claro que las ha encontrado. Hay infinitas salidas y se ha cruzado con más de una en su extraño peregrinaje. Pero estaban bloqueadas o daban a un vacío aún más aterrador que el laberinto en el que está perdida. Saber que hay lugares peores la hace sentir algo mejor. Al menos, mientras siga dando vueltas por el laberinto, estará a salvo. El laberinto será monótono, pero es seguro. Es la monotonía de la seguridad.

He dicho que no

-Hola, soy el universo. Ven aquí.
-No.
-Que sí. Ven aquí.
-No.
-Pero si está todo preparado, mira, justo como a ti te viene bien.
-No me apetece.
-Venga, no te resistas, ven por aquí. Si son sólo dos pasitos.
-Que no. Que yo quiero ir por allí.
-¿Por allí?
-Sí.
-Pero si eso no lleva a ninguna parte.
-Me da igual. Quiero ir allí.
-No puedes.
-Me da igual. Es lo que quiero.
-Eso no tiene sentido. Sé razonable. Esto está bien…
-¡Que no!
-Pero será cabezona… ¡ven aquí!
-Déjame en paz.
-Luego te arrepentirás.
-Pues vale.
-Que lo quitamos ¿eh?
-Pues quitadlo.
-Luego no vengas protestando porque allí no había nada.
-No lo haré. Ya sé que no hay nada. Dejadme en paz.
-Tú misma.

Puede

-Si alguien puede conseguirlo, esa eres tú. Será un precedente. Cometerás errores, claro. Pero ayudarás a los que vengan detrás.
-Pero tengo miedo.
-¿Por qué?
-¿Y si saliera mal?
-¿Es irreversible?
Mira fuera de la ventana, pensando.
-En cierto modo… será parte de lo que soy. No podré borrarlo.
-Es parte de lo que eres ya.
-Pero tengo miedo.
-¿De lo que piensen los demás? – ríe – ¿Desde cuando?
-Yo que sé.
Suspira.
-¿Tienes algo mejor que hacer?
Le mira. Tiene razón.

Paz

Se sienta en la puerta. Le gusta ver cómo el sol se esconde al final del día detrás de las montañas, la hace sentirse tranquila, llena de paz. Respira profundamente y se acaricia el tobillo. Aún le quedan algunas cicatrices, pero es cuestión de tiempo que desaparezcan.

Es una cueva pequeña, pero no necesita más espacio. Ha aprendido a cazar y tiene un pequeño huerto a la derecha, donde la tierra es más fácil de arar. Ha aprendido a vivir sola. Y eso está bien.

Respira hondo, observa los últimos rayos rosados del sol y cierra los ojos. Ya no tiene prisa. Ya no tiene que correr. No hay camino que andar, porque no hay ningún sitio mejor en el que descansar.

Allí al lado

La primera vez que vi a uno de ellos me pareció bastante feo, la verdad. Se consideran superiores y es posible que sean una civilización más avanzada. Pero a mi me pareció feo. Quizás en otro multiverso exista un equivalente a su especie que sea más hermosa. Da igual, son ellos los que lo han conseguido.

Dicen que llevan ya muchos siglos saltando de multiverso a multiverso. Nunca nos quieren contar todo el proceso, como si no quisieran compartir esa parte de su ciencia. Pero parece ser que de un multiverso puede saltarse a un número infinito de multiversos, todos iguales al multiverso original pero con una pequeña variación. Y de este segundo multiverso se puede a su vez saltar a otro número infinito de multiversos.

Y así, poco a poco, han ido expandiéndose. Nuestro multiverso está a miles de saltos como ese, lo que hace que por ejemplo su especie sea como una especie diferente de humano. Más inteligente al parecer, pero más fea según lo veo yo. A nivel genético ni siquiera somos compatibles.

Nunca nos han contado el por qué lo hacen. Algunos piensan que es por pura curiosidad. Otros opinan que hicieron algo terrible en su multiverso y tuvieron que huir de la destrucción. Unos pocos susurran que son delincuentes huyendo de su justicia. En cualquier caso, se dedican a observarnos y saltar una y otra vez, cada vez más lejos, cada vez más separados de su origen.

Yo tengo mi propia teoría. Dicen venir siempre de forma pacífica, pero yo les he visto de cerca y no son pacíficos. Estoy bastante seguro de que están explorando todos los multiversos buscando a posibles civilizaciones que pudieran ser una amenaza para acabar con ellos antese de que ellos tengan la tecnología para destruirles. ¿Estaré loco? ¿O es simplemente que es lo que nosotros haríamos si tuviéramos ese poder?