Aferrados a la nada

-Está loco, no os acerquéis a él.

-No entiendo cómo no se cae. Si yo me soltara, caería sin remedio.

-Porque está loco, por eso. En cualquier momento caerá.

-Se le ve tan feliz, tan despreocupado.

-No, seguro que tiene un pacto con el Diablo. No puede ser bueno. Mejor ir bien agarrado.

-¡Miradlo, está saltando!

-¡Madre del Amor Hermoso! ¿No tiene sentido común!

-Pero sigue ahí, no se cae. No lo entiendo.

-Es imposible.

-Es un milagro.

-No llames milagro a lo que el diablo lleva entre manos.

-Es fascinante.

-No puedo mirar, no puedo mirar, no puedo mirar,…

-Me dan náuseas sólo de pensarlo.

-¿Pero qué decís? Si parece hasta que se lo pasa bien.

-¿Que? ¿Te gustaría ir como él?

-Pues me lo pienso… jaja, no pongas esa cara, ni loco me quitaría esta seguridad.

-Esta juventud acabará mal.

-Por mucho que te santigües no conseguirás que se coloque las agarraderas.

-Pero evitaré que otros le sigan.

Pero él seguía andando sonriente, ajeno a las críticas. Porque sabía que no caería. Aunque los demás pensaran que necesitaban de los arneses para no caerse. Él caminaba libre y sin agarrarse. ¿Cómo iba a caer? ¿A dónde iba a caer, al cielo? Qué estupidez. La Tierra seguiría agarrándolo para mantenerlo en el suelo.

Los planetas se alinean…

Algún día los habitantes de la tierra se extrañarán de que alguna vez alguien tuviera que pagar por conseguir subsistir. Se preguntarán por qué nos empeñábamos en maltratarnos unos a otros sin motivo alguno y por qué mientras algunos nadaban en la abundancia, otros morían de hambre. No lograrán entender cómo alguien podía hipotecar su felicidad por obtener un puesto más importante en una empresa, ni cómo se puede dejar de lado a las personas que quieres por pasar más horas en el trabajo. Con mucho esfuerzo intentarán comprender las enormes desigualdades entre unos y otros. Se reiran cuando se enteren de los tabues que oprimen nuestra sociedad y se entristecerán al saber que por culpa de ellos, mucha gente fue infeliz.

Espero que algún día ocurra.