Llanto

Hay muchas clases de llanto. Cuando un niño llora, sus lágrimas van acompañadas de gritos para llamar la atención. También hay lloros acompañados de sollozos y suspiros que van liberando al alma de sus pesares.

Pero el llanto más estremecedor es aquel que va solo. Las lágrimas van resbalando por el rostro sin que el más leve estremecimiento las haga temblar. Los ojos se vuelven huidizos, o se fijan en un punto, pero no transmiten nada realmente. O quizás lo transmiten todo.

Esa sensación que te va llenando de impotencia, de desesperación, de no poder hacer nada por evitarlo. Ni siquiera hay una mano que evite que las lágrimas mojen la cara. Es un llanto que termina tal y como empieza, no ha arreglado nada, no ha liberado a su propietario de ningún pesar. Sólo lo ha mostrado por el tiempo que dura. Pero cuando el llanto termina y las lágrimas dejan de salir, la pena sigue ahí.

Suele ser una pena tan grande la que causa este llanto, que no es posible sacarla con una sencilla llorera. Son penas clavadas en el corazón, como astillas, que provocan dolor pero no grito, que hacen llorar pero no se desprenden.

A veces este llanto va acompañado del orgullo. Barbilla alta, ojos decididos y lágrimas corriendo. Una dura decisión donde en la batalla entre la razón y el corazón han perdido los sentimientos. Donde nada ni nadie puede evitar el destino elegido.

Alcanzar, al fin, todas las metas

Apenas acababa de recuperar el aliento cuando se paró a observar a su alrededor. Era curiosa esta sensación, la de haber llegado y sin embargo, no haberse movido.

Llevaba toda su vida yendo de un lado para otro, imparable, inmutable, siempre buscando, siempre corriendo para llegar a no sabía dónde. Lo único de lo que estaba seguro era de que cuando llegara allí ya no tendría que seguir buscando, porque allí estarían todas las respuestas. Por eso seguía corriendo, seguía buscando, necesitaba salir del laberinto, encontrar la luz, ser capaz de ir más allá y comprender lo que nadie le había sabido explicar.

Había sufrido mil desengaños durante el camino, los pesares no habían conseguido frenarlo y, si alguna vez su esperanza había flaqueado, volvía a recordar aquel sueño ya casi olvidado en el que paseaba por su particular paraíso, donde encontraba las fuerzas para seguir luchando.

Y había llegado. Lo que no alcanzaba a comprender aún del todo era por qué, si había llegado, estaba en el mismo sitio donde comenzó.

Lágrima

Cae muy lentamente, casi tan lentamente como se fue formando. Cristalina, fría, temblorosa y frágil, va surcando su cara, como queriendo consolarla con su suave caricia. La deja caer, no le importa que vaya marcando el camino con una débil señal de plata. Se para un instante en su mejilla, como queriendo decidir el camino a seguir. El movimiento de un leve sollozo la hace decidirse y cae, más rápidamente ahora, delineando su rostro. Finalmente, tras resbalar el último tramo, se funde en la almohada mojada, dejando camino libre para que otras vengan a reunirse con ella.

¿Feliz? Navidad

Sigue abrazando el cuerpo ya inerte del gato. Quiere transmitirle su calor, protegerlo de la persistente nieve que se empeña en seguir cayendo, aún cuando ya lo ha ocultado todo bajo una capa blanca. A veces ve cómo pasan apresurados transeúntes delante suya. Algunos ni siquiera la miran. Otros, se paran a compadecerla. Incluso uno le ofreció que si quería entrar en su casa hasta que pasara la tormenta. Pero ella se abraza a su gato con más fuerza aún, no quiere soltarlo, es el único que le ha acompañado en su soledad todo este tiempo. Su pequeño cuerpo de niña tirita e intenta refugiarse un poco más en su abrigo lleno de agujeros. Ya deja de nevar, pero ahora es el frío de la noche el que la amenaza. Es Nochebuena y todas las casas están iluminadas, sabe que si llamara a cualquier puerta, la dejarían pasar. Incluso es posible que le dieran algo caliente de comer. Pero no quiere dejar solo a su gato. Poco a poco, sus ojillos se van cerrando.

Todo final siempre es un comienzo…

Recuerdo el día que me contaron la historia de aquel rey que cuando construyó su castillo ordenó colocar un nido de termitas debajo de la primera piedra. Nadie supo dar una explicación a por qué decidió darle un final desde el principio a su historia, ni por qué quiso morir un día cualquiera, sin avisar, cuando su castillo se derrumbó sobre su cabeza. Ahora, creo que empiezo a entenderlo.

Sé que hoy vendrá a visitarme un agente. Su verdadera identidad no he querido averiguarla, ya me enteraré cuando le vea, porque pienso esperarle despierto. Dejaré que entre y haga su cometido. Él estará deseándolo y yo también. Aunque antes me gustaría mirarle a los ojos.

Yo creía que todo lo que había hecho estaba bien. Que la humanidad siempre me recordaría como lo que siempre quise ser, el liberador, el que se sacrificó por hacer que el mundo girase de una vez sobre sus ejes. Ahora me doy cuenta que al final sólo seré uno más en una larga lista de dictadores y que cuando muera, todo se reorganizará de manera justamente contraria a lo que defendí siempre.

Desde el principio luché por llevar adelante mis ideales. Tenía todo muy claro y una labia que me abrió muchos caminos. Pero como en todo, había gente que aún razonando no quería ser convencida. A esos no hubo más remedio que convencerlos con la fuerza monetaria o la fuerza bruta. Era necesario, las voces discordantes, por muy equivocadas que estuviesen, impedirían la realización de los planes a largo plazo.

Derroqué a dictadores y genocidas y en su lugar puse a gente buena y de confianza, que nunca se aprovecharían de nadie. Pero para poder mantenerlos en su lugar, tuve que emplear métodos poco ortodoxos, combatir contra los poderes que querían recuperar su liderazgo.

Esta noche todo habrá terminado y tras mi muerte acaerá otra revolución, con otros soñadores que querrán limpiar el mundo. Pero eso ya no estará en mi mano. Esta es la única manera que tengo para limpiar mi historia. Si cambiara contradiría todo lo que he sido hasta ahora. ¿Y cómo hacerles comprender que ahora entiendo que era imposible?