Los planetas se alinean…

Algún día los habitantes de la tierra se extrañarán de que alguna vez alguien tuviera que pagar por conseguir subsistir. Se preguntarán por qué nos empeñábamos en maltratarnos unos a otros sin motivo alguno y por qué mientras algunos nadaban en la abundancia, otros morían de hambre. No lograrán entender cómo alguien podía hipotecar su felicidad por obtener un puesto más importante en una empresa, ni cómo se puede dejar de lado a las personas que quieres por pasar más horas en el trabajo. Con mucho esfuerzo intentarán comprender las enormes desigualdades entre unos y otros. Se reiran cuando se enteren de los tabues que oprimen nuestra sociedad y se entristecerán al saber que por culpa de ellos, mucha gente fue infeliz.

Espero que algún día ocurra.

Carta al viento (¿Tercera Parte?)

Ha sido por casualidad que se acordó de ella. Buscando otra cosa en un cajón encontró los pedazos de aquella carta. No pudo evitar la sonrisa que asomó a su rostro, como tampoco pudo evitar cogerla y volver a leerla. Mientras sus ojos iban recorriendo las palabras escritas iba recordando todo lo que había sucedido años atrás. No es que le importase ya, había continuado su vida sin ningún problema y hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en ella, pero para cuando leyó la última frase una lágrima luchaba por mojar su mejilla.

Tarareando alguna estúpida canción que seguro que alguna vez significó algo importante para ambos, pegó con cuidado y esmero los trozos de aquella carta. A partir de ahora la guardaría en algún lugar seguro, olvidadizo, oscuro y cálido, para que en algún otro día inesperado, o cuando la voluntad flaquease, pudiera coger de nuevo esta carta y recordara que en algún momento de su vida significó lo suficiente para alguien como para que le escribieran. Mientras hacía esto sentía que en algún otro rincón del planeta, guardada a buen recaudo, la carta que él un día escribió también espera. Ambas cartas quedarían para la posteridad, como un recuerdo especial, algo que algún día, cuando los años pesasen, pudiera ser recogido y leído y les recordara que en alguna parte del mundo alguien tiene la otra carta en su poder.

Ahora la carta está bien escondida. En su refugio, seguirá esperando esa contestación que ya nunca llegará. Con la mirada perdida en el infinito se pregunta qué ocurrió cuando ella escuchó el mensaje que le dejó en el contestador. Quizás nunca llegó a escucharlo. Quizás el contestador se tragó el mensaje. Quizás ella aún no haya aprendido a manejarlo. Quizás no quisiera contestarle. Quizás no hubiera contestación. Quizás simplemente no entendiera.

Pero eso no importa ya. Pertenece al pasado.

Nadie

¿Dónde estoy? Debe ser el vacío intemporal, si es que eso existe. Diría que he muerto porque he visto pasar mi vida delante de mí como si fuera una película. Pero a la vez no era mi vida porque yo no existía. Era la vida que hubiera tenido si yo no hubiera estado allí. Así que no puedo decir que haya muerto. Porque no he estado viva. Nunca he nacido. En vez de eso, mis padres tuvieron otro hijo, tres años después de mi no nacimiento. Así, mi hermano tuvo el compañero de juegos que yo no fui. Él fue en algunos aspectos mejor hijo de lo que hubiera sido yo aunque mi madre siempre quedó triste por no haber podido tener la hija que yo podía haber sido.

En el colegio, mi mejor amiga se sentó al lado de otra niña, que se convirtió en su fiel compañera. Compañera que la traicionó como yo nunca la habría traicionado y le terminó quitando el novio que nunca hubiera tenido de haber estado a su lado. El verano que recibí mi primer beso tampoco fue un verano especial. El chico tuvo que esperar año y medio más para aprender lo que era estar con una chica que de haber estado yo jamás habría conocido. Chica que cinco años después terminó por ser su novia y a quien engañaría con la novia que hubiera tenido de haberme conocido.

Tampoco ocurrió aquel aparatoso accidente, porque el motorista no estuvo ocupado sonriéndome y pudo ver el camión que se le venía encima. Nadie le acompañó en la ambulancia suspirando culpable. Y nadie le destrozaría el corazón dos años después. En vez de eso llegaría al lugar de su cita, con la novia que no abandonará y con la que terminará yéndose a vivir.

El perro abandonado lo recoge un agente de la perrera municipal y no podrá salvar a aquel niño de morir ahogado. En vez de eso, lo rescatará el equipo de salvamento media hora después, sin ninguna consecuencia grave para el chico. Pero mi no hermano nunca tendrá una mascota, que tampoco la necesita, porque ahora tiene un hermano que juega con él.

A mi novio nadie le animará a intentar estudiar una carrera. Es camarero y dueño propietario de un bar donde reparte bebidas y sonrisas. El negocio le va bien, es el camarero más codiciado de la ciudad y conoce a muchas chicas con las que comparte algo más que una agradable conversación. Pero aún no ha encontrado a nadie que le llene como yo hubiera podido llenarle. No es que tampoco le importe, es joven y ha triunfado en la vida. Pero a veces le gusta quedarse mirando las estrellas intentando pensar en cómo sería la chica ideal. Y su chica ideal no se parece en nada a lo que yo hubiera podido ser.

Mientras veo esto no siento pena u odio. No puedo sentir porque realmente no soy nadie y para sentir hay que ser alguien. Tampoco seré capaz de llorar cuando vea que en donde yo hubiera vivido se instala una feliz pareja de jubilados que sueñan con dar la vuelta al mundo. Ni cuando mis amigos se reunan sin mi para celebrar alguna fiesta. Tampoco sentiré tristeza cuando vea que todos aquellos chicos con los que estuve rehicieron sus vidas de una manera parecida a como hubieran vivido si me hubieran conocido. No siento nada al pensar que nadie me recuerda, que nadie sabe que existo, que soy menos que un cadáver en una fosa común y que hasta el más mísero grano de arena deja más huella que yo. No soy nadie y nada soy.

Quizás haya sentido una punzada al comprobar que aunque hubiera estado viva no habría cambiado nada. No hubiera sido más que una pieza en un enorme tablero, un pequeño tornillo, un engranaje minúsculo, que en nada habría evitado que la vida continuara. El resto del mundo habría sido feliz, habría sufrido, habría sido el mismo estando yo o no estando. Por eso tampoco importa que yo no estuviera. Pero son imaginaciones mías. No puedo sentir porque no soy.

Pero entonces ¿qué hago aquí?

Carta al viento (Segunda Parte)

Y sólo había una manera de averiguarlo. Lentamente estira la mano y coge el auricular. Con dedos temblorosos, marca el número. Uno, dos toques. Al otro lado alguien responde. Ahora hablará claro. Ahora comprenderá. Ahora sabrá la verdad.

Pero para sorpresa y frustración, la voz que responde es la de un contestador. No será ahora cuando pueda aclararse. Cuelga de nuevo el teléfono. Rasga la hoja en dos. No puede evitar la rabia que empieza a ebullir dentro de sí. Nada, nada está saliendo como debía. Recapacita. Respira hondo. Deja escapar lentamente un suspiro. Vuelve a intentar la llamada.

-Tenemos que hablar.

Cuelga de nuevo el teléfono. Ha hecho lo que está en su mano. Recoge los trozos del suelo y los guarda con cuidado. Ahora, el siguiente paso ha de darlo ella. Si quiere. Sólo resta esperar. Esperar con una paciencia que empieza a agotarse. Con una paciencia que no sabe de dónde sacará. Pero que es necesaria.

Lo que ha ocurrido una sola vez no tiene por qué volver a suceder. Pero lo que ha ocurrido dos veces pasará una tercera.

O sea, espero que haya una tercera parte… (si, no lo niego, todo lo que escribo es más o menos metáfora de mi vida)

De las Ruinas

La rescató de las ruinas del castillo en que había vivido toda su vida. Estaba gravemente herida y apenas respiraba. Pero él la cogió delicadamente en sus brazos y la trasladó a su refugio. Allí le fue curando sus heridas y la distrajo de sus penas, haciendo la noche más cálida con sus relatos. Poco a poco ella fue recobrando sus fuerzas y juntos pasearon por el bosque. Sólo una vez sus pasos los llevaron hasta las ruinas de su antiguo hogar, el castillo que la había oprimido y protegido desde niña. Nunca más quiso volver a verlo.

Él le enseñó a sobrevivir salvaje, en el bosque. Le enseñó a disfrutar de la libertad, de la naturaleza, de lo que era vivir sin más ley que la de la supervivencia. Durante un tiempo fueron felices, contando estrellas sentados en las ramas de los árboles.

Pero él sabía que ella algún día se lo pediría. Y por eso quiso adelantarse y mostrarle él mismo el camino hacia el pueblo. Antes de llegar ella le prometió que sólo sería una visita corta y que no le abandonaría nunca, porque a su lado era feliz. No contestó nada, asintió con la cabeza y llegaron. Ella quedó maravillada y en sus ojos se pudo ver brillar los recuerdos felices de su infancia, cuando vivía enmedio de la civilización. Aquella noche ella estuvo callada.

Pasaron unos meses en los que parecía que nada había cambiado. Incluso él pensó que quizás no quisiera regresar al pueblo. Pero lo inevitable tenía que ocurrir y ella le confesó que quería bajar a vivir con el resto de la sociedad. Durante un tiempo él se planteó seriamente si cambiar su vida y vivir con ella en el pueblo, como le había pedido. Incluso mientras la veía alejarse, con la promesa en el aire de volver a verle en breve, tuvo que reprimirse para no salir corriendo detrás suya. Él era una criatura de bosque, ni siquiera su compañía podría hacerle sobrevivir en el pueblo.

-¿Por qué me cuentas esto?

-Porque necesito que comprendas que los cuentos de campesinos y princesas nunca terminan bien. Que los finales felices no existen. Y por eso debes marcharte y vivir en el pueblo. La vida en el bosque es triste y solitaria.

-Dime… ¿volvió a visitarte?

-Sólo una vez. Para invitarme a su boda. Dicen que fue feliz el resto de su vida.

Palabras perdidas

-¿Quién eres?

-¿Aún preguntas?

-¿Estás ahi? No puedo verte.

-Ven, coge mi mano.

-Hace frío.

-Se te pasará.

-¿Por qué está todo tan oscuro?

-Siempre está oscuro dentro de tu mente.

-¿Dentro de mi mente?

-¿Dónde crees que estamos si no?

-No lo sé…

-Si imaginas que está todo oscuro, no habrá luz.

-¿Puedo hacer lo que quiera?

-El límite está en tu mente.

-Tengo miedo.

-No te preocupes, estoy aquí.

-¿Sigues ahi?

-¿Pues no tienes cogida mi mano?

-No dices nada.

-Tú tampoco.

-¿Quién eres en realidad?

-¿Aún no lo sabes?

-¿Cuál es tu nombre?

-Soy todo lo que has imaginado, imaginas y seré todo lo que imaginarás. Soy tú porque soy todo lo contrario a tí.

-Eres mi opuesto.

-Puedes llamarme así.

-Entonces ¿no eres real?

-Soy tan real como tú.

-Pero yo si soy real.

-¿Cómo lo sabes?

-Pertenezco al mundo real…

-Pero ahora estás aquí, conmigo.

-Siento desvanecerme.

-Es inevitable.

-¿Inevitable?

-No puedes quedarte aquí mucho tiempo conmigo. La soledad es la norma. Las ideas fluyen y chocan unas con otras, pero siempre independientes, no interaccionan.

-Pero yo estoy aquí. Te cojo la mano, hablo contigo.

-Siempre hay una excepción.

-No quiero que estés solo. Ven conmigo.

-No puedo. Pero gracias, es la primera vez que me pides que vaya contigo.

-Es la primera vez que nos encontramos.

-Que no recuerdes algo no significa que no haya ocurrido. Simplemente que no lo recuerdas.

-¿Estuve aquí antes, entonces? ¿Me recuerdas?

-Siempre vienes aquí antes de dormir. A veces pasas rápidamente, otras te quedas un rato.

-Esta vez sí pienso recordarte.

-Claro…

-Lo prometo. Esta vez será diferente.

-Siempre es la primera y la última vez.

-Yo guardaré los recuerdos por los dos. Porque aunque no sepas que existo, siempre velo por tí.

Mail sin destinatario fijo

Altas horas de la madrugada (weno, de ves en cuando aun entra gente nueva, pero… doce y media son doce y media) y ella escribe febrilmente en una historia que sabe que dudosamente terminará algún día (aunque vea con toda claridad su desarrollo y su final) aprovechando esa vena lírica (que también puede comprobarse en el último mensaje olvidado por ella en un foro) que afloró esta noche y la invita a seguir tecleando incansable, con los ojos semicerrados, obviando los bostezos que no consigue reprimir en su boca…

Olvidada por todos, ignorada por algunos y esperando alguna señal de algo que le muestre que las cosas van a cambiar, ella sigue al pie del cañón, sin estar muy segura de qué es lo que espera, intentando no hacer demasiado ruido para no alertar a sus congéneres que duermen en habitaciones contiguas.

Sabiendo que el embotamiento que se empeña en nublar su mente acabará por agotarla, intentando exprimir las últimas frases para esa novela, consciente de que es inútil, porque ya no entrará esta noche para siquiera saludarla,… Estúpidamente aferrada al teclado, intentando no desviar la vista de la pantalla, mantener los ojos abiertos, ella sigue y sigue tecleando sin rumbo ni sentido en esta noche interminable.

Dominando los absurdos recuerdos de algo que ya ni siquiera está segura de que ocurrió, en ese extraño umbral donde realidad y sueños se confunden, esta pobre estudiante y aspirante a ingeniera informática insiste una y otra vez en continuar despierta, luchando por no caer en los cálidos brazos de Morfeo, devanándose la mente, intentando engañarse para continuar frente al ordenador, en un intento vano de no está muy segura qué.

En un momento dado realiza un inciso en su escrito. Mira a su alrededor. Las sombras dominan el mundo. Sentimiento amargo que la invade cuando descubre que esta noche tampoco será la noche. Será como las demás. Una más, que caerá en la oscuridad del olvido. Tristemente retorna a su novela. Una y otra vez vuelve a pensar si habrá alguien al otro lado. Tampoco importa, puesto que ese otro alguien no piensa en ella. Pero en este momento eso ya no le preocupa. Con que exista, basta. Alguna vez pensará. No hay prisa. Ya no. La precipitación no cabe en este día. Parece como si el tiempo se hubiera parado.

Poco a poco el sueño la va venciendo. Se debate, lucha, no quiere caer, no quiere ceder a los ruegos de ese amante intempestivo llamado Morfeo. Quiere seguir, podría ocurrir que en el momento en que se diera por vencida, ocurriera el milagro. Podría aparecer. Pero sabe que cada minuto que transcurre, es más improbable. Es inútil. Ya no vendrá. Ni siquiera espera que salude. Con verle, saber que pasó por aquí, le basta. Pero sabe que no sucederá.

Lentamente toma conciencia de la situación. Empieza a cerrar las ventanas abiertas en la pantalla. Teclea cada vez más despacio. Mira por última vez su lista de contactos conectados. Esfuerzo inútil: sabe que no está. Si al menos ocurriera algo… Por último cierra su sesión. Nadie queda ya. Ni siquiera quien hubiera podido sacarla de esta pesadilla. Pulsa el botón de Enviar y cierra también esta ventana. Cabizbaja se encamina hacia su cama. El sueño tardará en llegar, pero Morfeo nunca la olvida. Soñará con que la historia se desarrolló de otra manera diferente. Será feliz, por unas horas. Pero tampoco importa, porque también ese sueño caerá en el olvido. Como todo lo de esta noche. Lo que sucedió y lo que no llegó a suceder. Mañana volverá a la misma rutina, como siempre. Pero cada día con un poco menos de esperanza.